lunes, 26 de agosto de 2013

Personaje para Vampiro: La Mascarada.(III)

Y ya os traigo el último personaje. Este tuvo muchísimo nivel y estuvo a punto de salir en los finalistas, pero había que ceñirse a 5. Aquí tenéis a Hans Milch de Esteve Planadecursach. ¿A que no sabéis qué? Es otro Malkavian. Han triunfado en este concurso. A ver si en el futuro hago un pequeño análisis de su éxito.

 

NOMBRE: Hans Milch
CLAN: Malkavian
FECHA DE NACIMIENTO: (17/02/1942)
FECHA DEL ABRAZO: (15/04/1994)
APARIENCIA/ROPAJE HABITUAL: Su atuendo no goza de mucha variedad puesto que casi siempre lleva las mismas ropas arapientas: Una camisa interior blanca tapizada con manchas aceitosas y marcas de suciedad que ningún lavado sería capaz de quitar. Sobre esta, luce un jersey ocre de lana que le queda varias tallas demasiado grande y el cual se ata a la cintura con un nudo en las estaciones calurosas.
Su chaqueta es delgada y de un material sintético, combinando colores azules y verdes; y se abre por delante con una cremallera estropeada que no cierra.
Usa unos pantalones tejanos deshilachados que se mete por dentro de las botas de montaña sin cordones.
Sustituye eventualmente sus prendas con lo que logra encontrar en los deshechos
ESTUDIOS: Tras terminar su educación obligatoria ingresó en el conservatorio Volksholchschule con un grado elemental en violín, y allí continuó con sus estudios musicales de grado medio durante 6 años introduciéndose en el uso del piano. Pasó dos años Berlín llevando a cabo una especialización profesional en composición y dirección de orquestra. Tras su abrazo no volvió a tocar el violín profesionalmente nunca más.


HISTORIA
mmh que cuál es mi historia, eh? esa es una buena pregunta. Si alguna vez se la conté a alguien no lo recuerdo.
Exacto, eso es lo que me gusta de la gente de la calle, nosotros no juzgamos, no necesitamos hacerlo. Por eso puedo ser sincero contigo, amigo.
Fui rico una vez. Apuesto a que has oído esa coletilla un centenar de veces por estos lares. Oh, pero yo lo fui de verdad. Bueno, de hecho eran mis padres los ricos: Burguesía alemana de la más pudiente. Mi padre era el amo de cinco fábricas textiles en las zonas rurales del norte. Una pequeña herencia de mi abuelo que supo manejar e hizo crecer a medida que sus amigos nacional socialistas ganaban poder. Supongo que eso era exactamente lo que se esperaba que yo hiciera con el legado.
Mis padres eran un poco más mayores de lo normal cuando yo nací. Haciendo puzles con varias conversaciones posteriores entre otros familiares entendí que llevaban mucho tiempo tratando de tener hijos por todos los medios y hasta que no desistieron, no aparecí yo milagrosamente.
Si, yo era más bien un chico introvertido. Pues raras veces me relacionaba con niños de mi misma edad. Era un niño obediente: Acudía a clases, sacaba buenas notas y tenía pocos amigos. De hecho solo recuerdo a uno: Friedrich Kürtz, de buena familia también, claro. No todos se podían permitir mandar a sus hijos a una escuela de élite en pleno apogeo del nazismo. A Fred le costaban las matemáticas, y creo que fue el único buen amigo de verdad que jamás he tenido. A la hora del recreo nos juntábamos y escribíamos poesía; Pau era bueno para eso.
Una hora todos los días, yo ensayaba con el maestro Leonardo Moschino, y en los festivos nos dedicábamos toda la tarde a la práctica del violín. Era un chico disciplinado.
Vaya, ¿ya adivinaste lo que llevo en el estuche? bueno... de acuerdo, luego te tocaré algo …quizás.
La cuestión es que cuando entré en el conservatorio, no volví a ver a Fred. Pero en su lugar, conocí a Judith mi primer y único amor. Hasta entonces no había tenido la oportunidad de acercarme a ninguna mujer puesto que solo había acudido a escuelas de chicos y la verdad es que les tenía pánico a aquellos desconocidos seres que el padre Joseph en la iglesia decía, fueron creadas para sembrar el caos y la discordia. ¡Já! Es interesante como esos cabronazos lo pintan para que los chiquillos se acerquen sin miedo a hacerles una paja. No fue este mi caso, pero en efecto recibí una educación católica con todos los sacramentos incluidos.
Si, también el matrimonio. Con Judith, por supuesto. Pero como te estaba diciendo, yo era tímido y me aterrorizaban las mujeres en aquel entonces. No significa que lo hayan dejado de hacer, pero ahora se disimularlo mejor. Por lo tanto fue ella quien se acercó a mí. 
No hay mucho que destacar de esta parte de mi vida: el estudio y el festejo con Judith ocupaban todo mi tiempo. Tan pronto como terminamos nuestros estudios, celebramos la boda y nos trasladamos a Berlín donde los contactos de mi padre me conseguirían un trabajo de profesor y la oportunidad de estudiar con Herr Wilhelm Furtwängler, uno de los mejores compositores alemanes del momento.
Mis estudios superiores en Berlín no se alargaron mucho, pues la noticia de la muerte de mi padre nos sorprendió a todos solo dos años después de que nos hubiéramos trasladado a la capital. Con Judith embarazada de nuestro segundo hijo, emprendimos el viaje de regreso
Por azares del destino, aquel mismo verano mi maestro que parecía gozar de plena salud murió en el estudio de Orainerburgen Strasse, pasando a los anales de la historia como uno de los mejores músicos del siglo XX y concediéndome el honor de haber sido su último pupilo. (1954) Lo que me brindó la fama suficiente para poder excusarme de tomar la posición de mi padre como un importante director en la industria textil de la que prácticamente no sabía nada y dedicarme a lo que en realidad había sido mi sueño inalcanzable: Me convertí en director de orquestra.
¿Cómo? Pues claro que no has oído hablar de mí. En aquel entonces tú todavía debías ser un bebé si es que habías nacido. Ah, ya sé que no parezco tan viejo. Gracias por el cumplido, pero pronto llegaremos a ese punto.
Bien, pues como te decía, ahora tenía todo lo que un hombre puede desear en la vida: Dos pequeñines, una mujer encantadora, una herencia sustanciosa y el trabajo de mis sueños.
Bien, pues lo que cuesta una vida conseguir se va a la mierda en lo que dura un pestañeo. Tan fácil como llegar un día a casa tarde después de las cenas de rigor que suceden a un concierto y encontrar tu hogar en llamas con los niños dentro.
Un descuido de mi mujer, quien salió a buscar no sé qué mierdas y se dejó el gas abierto. No fue una gran ventaja que fuera la única superviviente del incendio puesto que dos semanas después se colgó en el salón de nuestro nuevo apartamento.
Todos se compadecen del pobre desgraciado, pero nadie quiere contratar a un tipo que se ahoga en alcohol y cuyos rumores de traer mala estrella a todo lo que toca se expanden como la pólvora. No les culpo. Mis dos intentos de salir a flote fueron un completo desastre y con ellos conseguí incluso hundir el sólido imperio que tanto le había costado construir a mi padre.
Veía el ángel de la muerte en cada una de mis desgracias. Si, literalmente, el diablo se presentaba cada vez que iba a suceder algo terrible: Lo vi en la ventana de mi apartamento en llamas cuando mis hijos quemaron hasta los huesos. Era una silueta negra que me observó un segundo antes de desaparecer. Luego me lo cruce en la calle, llegando a casa el día que mi esposa se quitó la vida.
Me perseguía. Me atormentaba, y sus apariciones eran cada vez más frecuentes. Cuando me comunicaron que las últimas empresas de mi padre habían quebrado, cuando me dieron aquella paliza en el callejón y me robaron todo lo que traía, cuando estaba tan borracho que no distinguía la realidad del sueño; y en mis pesadillas, cuando arrasaba con todo y me cubría con unas grandes alas negras y me arrastraba hacia los más dantescos infiernos.
Pero fue cuando mi madre, el último miembro de mi familia directa con vida, estaba en su lecho de muerte víctima de una demencia degenerativa grave, cuando empecé a hablar con aquella encarnación de la muerte.
Venía muchas noches a visitar a la débil mujer y se sentaba a su lado conmigo; yo le contaba mis problemas y le rogaba que se la llevara y que me llevara con ellos también. Aquel ángel me consolaba y me hablaba de la libertad cada vez que le preguntaba el por qué del tormentoso asedio que cometía contra mí.
Únicamente cuando se pierde todo, se es libre para actuar. Te quiero, y quiero que seas libre cuando te lleve”
A veces pasaba toda la noche con nosotros y cuando me despertaba a media mañana, había desaparecido. Otras veces solo se quedaba un rato, o traía flores y se marchaba.
Mi madre murió el 15 de Abril de 1994. Aquella noche, mientras lloraba las últimas lágrimas tirado al lado de un cubo de la basura. Volvió a venir aquel hombre.
Encontré la libertad” Le dije entre sollozos sin ninguna entonación en la voz. “Perder toda la esperanza era la libertad”
Sentía cada palabra que decía. Estaba loco y desolado hablando con la muerte, y ya no me quedaba nada. No esperaba que me llevara con mi madre, con toda probabilidad eso nunca ocurriría. Me sentía libre sí, pero para nada aquel sentimiento me reconfortaba lo más mínimo.
Entonces me respondió con la sonrisa de alguien que se reencuentra con un viejo amigo.
Al fin mereces el regalo que estuviste implorando. Hoy morirás. Hoy te traeré a mi mundo”
Morí y permanecí como el cadáver que ahora ves en frente tuyo. Un cuerpo que necesita sangre para seguir existiendo. Un vampiro.
Me llevaron a fiestas y salones; conocí al príncipe y algunos consejeros. Otros como yo pero más viejos. Me contaron las reglas, me contaron sobre la enfermedad de los que comparten mi linaje más directamente: la locura. Oh, yo creía que ya estaba loco antes de ser abrazado, hablando con la muerte, maldecido por la providencia de Dios.
No, en mi caso el abrazo hizo todo lo contrario. Me curó de estas dementes creencias. Comprendí que si la parca existía, esta no la encarnaba mi mentor y me di cuenta que la mala estrella que me perseguía no era otra cosa que la diversión de éste al tratar de enseñarme los principios despiadados de lo que sería mi futura naturaleza.
Nunca enloquecí. Al contrario, mis sentidos se agudizaron como si de repente el verdadero entramado del mundo se manifestara frente a mí. A partir de entonces pude ver la verdadera profundidad de las cosas que me rodeaban. Ver que todo está formado por otros elementos y que su configuración sigue un patrón tan complejo que es casi imposible de descifrar. El único problema era que a veces me costaba enfocar de nuevo la percepción hacia el punto de vista superficial des del que los demás lo analizan todo; me costó tiempo no parecer un completo idiota frente a los otros, y con la música nunca lo logré: Ahora puedo tocar “la furia de las primeras gotas de lluvia en el atardecer de un día de primavera” pero ya nunca nadie me apreciaría como el gran director y compositor que una vez fui.
Puse en práctica las ideas que mi sire me inculcó de aquella forma extrema. La libertad me impedía depender de nadie ni nada y por eso empecé a llevar la vida del vagabundo que soy ahora.
Un monstruo sin dinero pero libre por encima de todas las cosas.
Y ahora dime, ¿sigues queriendo que te toque algo o has cambiado de opinión?