domingo, 15 de enero de 2017

Crónica de Munich. Changeling III: El regreso a casa

Debido a las circunstancias de la última partida, las siguientes sesiones que se jugaron de Changeling fueron con grupos separados. La primera de todas inmiscuyó a Periwink la Pooka y Urgir el Troll.


Los dos Changeling, que habían aparecido en el inhóspito país de Libia, no tardaron en ser capturados. Al principio se hicieron pasar por turistas y los soldados que recorrían las calles fingieron creerles, pero les llevaron a un calabozo donde aguardarían hasta que se descubrieran sus verdaderas identidades.

Se hacía ya de noche cuando una mujer militar, aparentemente médico, vino a verles y, de alguna forma, convenció a los guardias para sacarlos de allí, para hacerles algunas pruebas. Estaban saliendo ya del edificio cuando el guardia que les había apresado los reconoció y empezó a dar la alarma. Los tres personajes corrieron y gracias a la guía de la mujer y a la agilidad de los tres, consiguieron darles esquinazo.

Cuando se alejaron de los grises soldados los tres se reconocieron como Changeling, aunque ya lo habían intuído. Pasaron la noche junto a Marwa, la mujer, cerca de una fuente de Glamour. Ésta les habló de quién era, y del aciago destino que su estirpe había sufrido en aquél lugar. Les habló de los Hombres de Otoño y de los Dauntain... Se crearon buenos lazos entre ellos, y cuando Marwa les guió hasta una entrada al ensueño y los despidió, tanto Periwink como Urgir se fueron con el corazón acongojado.

Pero desgraciadamente ahora tenían otros problemas. Atravesaron un desierto que puso a prueba su voluntad, y a punto estuvo de perderlos en el Ensueño. Más tarde atravesaron una ciudad poblada por extrañas quimeras, actuando con sigilo para evitar caer presas de un monstruo de la zona. Finalmente llegaron a la presencia de un extraño y tenebroso barquero, el único ser que les podía sacar de aquí. Tuvieron que pagar los pasajes con un recuerdo, asunto que fue harto doloroso para los jugadores, pero que los Changeling, obviamente, olvidaron.


El barco navegó a través de un macabro mar que el Barquero describió como La Tempestad. Periwink esperaba no volver a tener que pasar por allí. Era un lugar lleno de almas en pena y banalidad.

Finalmente volvieron a sus casas, no sin los problemas correspondientes del mundo humano...

Mientras tanto, en Paris, Sally la Eshu despertaba en medio de una plaza. Sus pocos conocimientos acertaron a deducir que aquél enorme edificio de enfrente era Notredame, pero puestos a ubicarse, la Changeling buscó la torre Eiffel. No tenía ni idea de cómo iba a volver a su país, pero por algún lado tenía que empezar.

En la propia torre tuvo una extraña experiencia, pues la estructura parecía causarle dolor, y unos extraños hombres la “vigiliaban”, aunque pudo zafarse de ellos y no parecieron prestarle mayor importancia.

Era ya de noche, y estaba cansada, hambrienta y sin dinero, cuando vio a otro de los suyos, un Pooka felino, triscando por los tejados de la ciudad. Él la confundió con una mensajera, pues se ve que era la función habitual de los Eshu en aquél país. Aclarado el malentendido, le ofreció llevarla al Ensueño, donde otros Changeling se reunía. Ella accedió encantada, pero la París feerica en nada se parecía a su ciudad natal.

Aquí la Corte Oscura gobernaba con mano de hierro, y los Changeling como ella, Luminosos, debían actuar a escondidas, reuniéndose clandestinamente, como Sally hizo con su nuevo “amigo”. En la taberna donde coincidió con otros feericos, descubrió oscuras historias sobre sus patrones de Munich: el Barón Koch y Fagó, el mentor de Periwink.


Al día siguiente se dirigió junto al Pooka hacia la embajada, pero a mitad de caminó se encontró con una mujer que le reconoció como Changeling. Ésta, que se presentó como Mary, le contó que debía viajar a Munich y que no le importaba llevarla. Sally quiso saber cómo conocía ella todo eso, y la mujer le dio a entender que era una especie de “Medium” o algo similar.

Finalmente accedió y viajaron juntas a Munich, hablando por el camino y dejando Mary un paquete en posesión de la Eshu.

No fueron tan enrevesadas las aventuras de Tristán el Nocker, que se pasó la mayor parte del tiempo realizando las obras del feudo. Pero su trabajo se vio interrumpido en dos ocasiones. Primero, por la visita de la dama Anabelle, Guardaespaldas de la reina, que venía a ver al sátiro, o eso decía. Preguntó algunas cuestiones banales al nocker, agradeció su hospitalidad y se marchó de nuevo, excusando que otras tareas la requerían.

Cuando ya se iba a ir, Tristán vio una sombra en el piso superior y subió rápidamente con sus armas en ristre. En el desván vio a la misma sombra desvanecerse frente a un cofre abierto, en el que Tristán solo vio un álbum de fotos, algunas cartas y postales y un diario. Guardó éste último y bajó de nuevo las escaleras, intrigado. Y allí la volvió a encontrar, junto a la astilla que amenazaba constantemente aquella casa. Pero ya no era una sombra, y no tardó en reconocer al intruso como el temible Shak'kar, el enemigo de Munich.


Intentó desafiarle, pero claramente aquél señor de las Pesadillas era un ser poderoso, y tras llevarse lo que fuera que cogió del baúl, le quitó el diario al Nocker y desapareció con un humo furioso. Tristán volvió al coche, abatido y rabioso, y volvió a su casa pensando en el extraño día....